Portal hecho de ideas, cuentos, poemas, reflexiones y textos originales, Con la única finalidad de hacer llegar el arte a través de la lectura.
jueves, 4 de diciembre de 2025
Reflexivo
El mar es un espejo que sabe guardar secretos. Sus olas, eternas y sabias, lloran cuando la soledad se posa sobre ellas. Así ocurrió aquel día en que un barco inmenso, cargado de oro y de promesas, quedó encallado en un rincón olvidado, donde nadie parecía recordarlo. El viento se detuvo a mirar, y la brisa, ligera e impía, reía con un gozo cruel al contemplar la desgracia del navío: su cuerpo de hierro herido, sus maderas crujientes, su grandeza humillada por la quietud de un destino que parecía condenarlo.
Las olas, que siempre ansían movimiento, lloraban. Sus lágrimas eran espuma que golpeaba suavemente contra el casco inmóvil, como si quisieran empujarlo de regreso a su danza infinita. Cada gemido del mar era un lamento por la pérdida de aquello que nació para navegar, para atravesar horizontes y unir distancias. El llanto no era sólo por el barco, sino por el sentido mismo de su existencia, que parecía haberse detenido en un silencio injusto.
Sin embargo, en lo alto del cielo, aparecieron las gaviotas. Ellas no entienden de derrotas definitivas, porque han visto naufragios y resurrecciones. Con su vuelo trazaban círculos de esperanza, presagiando que el encierro del barco no sería eterno. Cada aleteo era un mensaje: la vida siempre encuentra un cauce, el mar nunca olvida a sus hijos.
La brisa, aún riendo, parecía ignorar que la esperanza tiene raíces más profundas que la burla. Porque aquel barco no estaba vacío: llevaba en su vientre el oro, no sólo el que reluce en la materia, sino el que simboliza el valor, la abundancia y la fuerza necesaria para los tiempos de mayor necesidad. Era como si el universo lo hubiera elegido para aguardar, paciente, hasta que el mundo, exhausto y herido, recordara que existía un tesoro preparado para sanar sus angustias.
Así, entre el llanto de las olas y la risa de la brisa, se tejía una batalla invisible: la desesperanza contra la fe, la derrota contra la promesa. Y allí, sobre las maderas del barco inmóvil, habitaba un misterio. No había encallado para perecer, sino para esperar el momento justo en que las corrientes se abrieran, las mareas lo liberaran, y las gaviotas, en su canto, anunciaran la vuelta al mar abierto.
Porque todo lo que parece perdido, si ha sido elegido para dar vida y esperanza, tarde o temprano vuelve a navegar.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario