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jueves, 4 de diciembre de 2025
Tierra Olvidada
El Grito Silencioso de la Tierra Olvidada
Escucha con atención, más allá del ruido de la ciudad y la prisa de la vida moderna. Si aquietas tu alma, podrás oír un grito, un lamento profundo que se alza desde el corazón mismo de nuestra existencia. Es el grito de la Tierra, el clamor del campo olvidado.
Es la voz de esa tierra noble que nos vio nacer y que, día tras día, en silencio y con paciencia, nos da el sustento. Es el campo que, con sus venas agrietadas, nos alimenta, nos viste y nos brinda la seguridad más básica: la de no tener hambre. Él es la cuna de cada grano, de cada fruto, de cada gota de leche que llega a nuestra mesa. Él es nuestra verdadera despensa y nuestro guardián.
Pero mira cómo le pagamos.
El sol lo castiga, el viento lo azota, y sus campos, que deberían ser un mar de vida, hoy se tiñen de un ocre melancólico. Se muere de sed, no solo por la falta de lluvia, sino por la ausencia de atención y la indiferencia de aquellos en las esferas del poder. Las decisiones se toman en escritorios fríos, lejos del olor a tierra mojada, ignorando la desesperación del campesino cuya única herencia es el surco y cuya única oración es por agua.
¿Cómo podemos permitir que la fuente de nuestra vida se seque? ¿Cómo podemos girar la mirada mientras el motor que nos mantiene en pie se oxida y se detiene?
Cada grieta en el suelo es una lágrima del labriego, un reproche de la naturaleza. Si el campo se apaga, no solo muere un cultivo; muere nuestra autonomía, muere nuestra paz, muere un pedazo de nuestra humanidad.
Despertemos. Sintamos el dolor de la Tierra en nuestras propias entrañas. No es solo un problema político o económico; es una cuestión de vida o muerte, de dignidad y de gratitud. Honremos la mano que siembra y la tierra que da.
Es hora de escuchar el grito. Es hora de volver al campo, no con lástima, sino con el compromiso inquebrantable de regarlo con justicia, respeto y la atención que merece. Porque salvar al campo es salvarnos a nosotros mismos.
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